Sahara Verde



La Saquia el Hamra en el Aaiún

Verde nos encontramos el Sáhara a primeros de enero. Verde por las lluvias de septiembre pasado que también llegaron allí copiosas. Distinto, el milagro de la vida acontece cada cierto tiempo en el desierto. Y con el verde la multitud, infinitos rebaños de camellos, cabras y hasta ovejas que vienen del Norte en grandes camiones.

Tres semanas de "mal tiempo", el Siroco, Irifi como se conoce allí, no ha dado tregua. Había ocasiones en que a pesar de no haber nubes era imposible saber dónde estaba el Sol por la cantidad de arena en suspensión. Incómodo pero un espectáculo para los sentidos. Por otra parte Sahara y viento van unidos indisolublemente, no hay uno sin el otro. Pero no tantos días seguidos ni tan fuerte como me decía un paisano en Bojador es demasiado.

Las zonas nuevas visitadas, las conocidas bajo otras luces, queda mucho Sahara por recorrer y muchas pistas que ver con otras luces y otros ojos, nunca es igual, tres semanas convertido en un gitano errante y al llegar el final que marca el calendario solo quiero más. La lluvia que comienza a caer me ayuda y me convence de no hacer los quinientos kilómetros de campo previstos hasta Assa y tomar una carretera. Con un Nescafé con leche y una tortilla francesa me despido del Sahara en una gasolinera en Ras el Khanfra.

El vídeo

Bolsas estancas DiCAPac

 

En unos días recibimos las bolsas estancas DiCAPac para teléfonos y cámaras de fotos compactas. Ya los puedes usar en la playa, en la nieve o bajo la lluvia sin miedo, son sumergibles hasta diez metros de profundidad.

Y con un precio muy atractivo, 17, 95€ la bolsa para smartphones de hasta 5" y 21,95€ la funda para cámaras.




Aventura SUV: Sebjas

Aventura SUV: Sebjas: Se llama sebja al fondo de una depresión salina y sin vegetación en zonas áridas. En el Sahara Atlántico se pueden encontrar grandes seb...

Trevenque. Sierra Nevada


El Trevenque con sus 2079 metros sobre el mar es conocido entre los montañeros de Granada como el rey de la baja montaña de Sierra Nevada.



  


Souvenirs del antiguo Sahara español



Se dice que en el Sahara se bebía mucho, y me lo creo. Pepsi y KAS para aliñar las muchas botellas de coñac que hay por allí y San Miguel para refrescarse.

En lo que queda del puesto de Hausa.

Llueve en el desierto


La tormenta que venía hacia mi me ha esquivado. Ha anochecido y veo su aparato eléctrico encima de El Aiun. Pero viene otra. No, no son rayos, son unos resplandores con una cadencia fija de un segundo, tiene que ser un faro de la costa. Enciendo el GPS y oriento el mapa al norte, efectivamente, estoy a noventa y cinco kilómetros al SE de Tarfaya pero el terreno es llano y veo la luz de su faro. Por el lado contrario veo lo que deben ser las potentes luces de camiones que circulan por la carretera de Smara a Tantan que está a 40 kilómetros. Me tengo que acostumbrar de nuevo a estas cosas, estoy saliendo del desierto.

Cuando amanece mi campamento está bajo tres centímetros de agua, ha estado lloviendo toda la noche. Recojo todo y me pongo en marcha, preveo que los sesenta kilómetros que hay hasta la carretera van a ser entretenidos... y así es. Llego a la carretera a la altura de las gasolineras de Ras el Khanfra y desayuno en el café de una de ellas. Lleno gasoil puesto que la siguiente gasolinera más al Norte ya no tiene el precio bonificado del Sáhara, entre 61 y 62 céntimos de euro el litro. Automáticamente aborto los planes de continuar los quinientos kilómetros que hay hasta Assa fuera de asfalto, no es prudente. Me despido aquí del Sáhara, mucho menos romántico que cruzando el Djebel Uarkziz por Foum Negev como me gusta hacer, remoloneando para pasar una noche más a las faldas de la montaña que hace de frontera natural con el Sáhara.

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