Janguet Quesat

     Refugio actual de Janguet Quesat


Janguet Quesat es el nombre de un lugar donde se encuentra uno pozos como tantos otros junto a un río que no es como otros. El río Quesat es siempre una sorpresa, cada vez que pasa el agua lo trastoca todo y nunca lo he cruzado por el mismo sitio. Su anchura no debe ser más de un kilómetro pero un kilómetro de arena y pasto de camello intenso, espeso, entretenido. Cuando ha llovido en cantidad suficiente como para que el cauce lleve agua por superficie pueden pasar días y días hasta que esté mínimamente transitable.


Este pozo, en realidad son varios, se encuentra en el país Tekna, la zona de transición entre la influencia del sultanato de Marruecos y las tribus saharianas y muy cerca de la frontera del antiguo Sahara español con Marruecos. Allí se encontraba un pequeño puesto militar español que controlaba el paso de nómadas por la frontera del Protectorado con Marruecos del que no quedan restos identificables, las construcciones que existen hoy día son recientes.  




La guarnición del puesto era de tan solo seis Policías Territoriales nativos cuando el 20 de mayo de 1973 una partida de Frente Polisario, creado unos días antes, liderada por Brahim Gali actual presidente del Frente Polisario, elige el puesto de Janguet Quesat para llevar a cabo su primer ataque armado a un puesto español. Casi fracasan ya que los policías descubrieron unas huellas y consiguieron detener a dos miembros del comando Polisario que inspeccionaban el terreno alrededor del puesto. El resto del grupo a pesar de haber perdido el factor sorpresa no renunció a sus intenciones y por la noche mientras los policías cenaban irrumpieron en el puesto armados con un subfusil automático y un rifle sorprendiendo a los policías. Consiguieron liberar a sus compañeros y huyeron hacia el norte con todo lo que había en el puesto: armas, municiones, víveres... También secuestraron a cuatro de los policías. Quedaron en el puesto el cabo que se negó a abandonarlo y un soldado enfermo.







En Janguet Quesat a día de hoy existe una pequeña construcción moderna que sirve de albergue a pastores o a mi mismo cuando ha coincidido hacer noche por allí. Con el hombre que se ve en la foto de arriba he coincidido ya dos veces. Tiene camellos y los lleva desde Merzouga al Sahara en camiones. Un largo viaje de dos días ininterrumpidos pero en el Sahara tiene más fácil su alimentación. Los oasis de la región marroquí del Tafilalt se secan y en el Sahara desde hace unos años se ha suavizado la sequía que comenzó a finales de los 60s del siglo pasado. Los camellos hoy día ya no sirven a las caravanas, los camiones son más rápidos y eficientes. Se crían principalmente por su carne y un escaso porcentaje es dedicado al turismo. 

Actualización de diciembre de 2024: Este hombre es posible que no tenga que gastar dinero esta temporada en transportar sus animales al Sahara. Unas recientes lluvias torrenciales han elevado el nivel freático en la zona de Merzouga incluso se han creado algunos pequeños lagos en superficie.



Tizgui Remz



Sabía que estaba en una zona militar prohibida a los turistas pero quería visitar aquel oasis a toda costa. Aquella fotografía del oasis de Tizgui Remz en un viejo libro que cayó en mis manos y conservo con cariño fue la que terminó por meterme el gusanillo del Sahara entre ceja y ceja. Los únicos antecedentes que tenía es que en el marco de la ofensiva Huari Bumedian el Frente Polisario había atacado en el verano de 1978 el oasis. Este constituye uno de los pocos pasos que ofrece la larga muralla que es el Djebel Ouarkziz, que es la frontera natural del Desierto del Sahara. Por otra parte es una de las últimas localizaciones donde se avistó por última vez el cocodrilo del Nilo en Marruecos en 1950.

 Con el tiempo he descubierto que esa idílica imagen de los oasis y gueltas lo es para la vista y preferentemente en foto. Hay otros elementos intrínsecos a la naturaleza de los oasis  como la concentración de excrementos y orina de animales con sus consecuentes fragancias que pueden llegar a marear sino a intoxicar (exageración de granaíno), los mosquitos…  El aspecto del agua no aconseja de ninguna manera el baño y además es posible que el agua de los pozos alrededor de ellos esté contaminada.


Volvía a la civilización después de veinte días nomadeando por el Sahara Atlántico y ya no me importaba que me expulsaran de allí. Estaba decidido, iba a visitar aquel oasis de la foto!





La pista va en paralelo a un río es un decir, eventualmente cuando llueve puede llevar algo de agua aunque también puede correr de forma brutal y mortal en forma de repentina riada después de una tormenta. Llegado a la altura del oasis debo cruzarlo. Busco un camino que lo cruce, esa zona estuvo minada y solo debo pisar sobre huellas recientes y bien marcadas. La espesa y alta vegetación del río, cañas, me impiden ver el otro lado por lo que continuo por una estrecha pista  buscando un paso. La orografía del terreno se conforma de manera que los lugares entre montículos para acceder al oasis conforman un triángulo equilátero en el que el oasis se sitúa en el ángulo superior y ya había recorrido casi la base sin haber encontrado acceso al oasis. No creo haberlo pasado, estos juncos y cañas no son como la selva de la costa de Ecuador que nos cerraba el camino de un día para otro. El cañizal era muy parecido al que se ve en la última foto que acompaña estas palabras y sobrepasaba la altura del coche..

De repente de detrás de unos juncos salen dos hombres mal vestidos apuntándome con sendos vetustos AK47. Pongo las dos manos sobre el volante bien visibles mientras pienso: la cagué, que bonito trofeo se van a llevar estos polisarios de los “territorios ocupados”, Tifariti está muy cerca. Mientras uno se acerca a la ventanilla el otro permanece apuntándome frente al coche a través del parabrisas. Me preguntar en francés a dónde voy, de donde vengo y si no se que estoy en una zona militar prohibida. Respiro algo más tranquilo, son soldados marroquíes y me parecían aún más asustados que yo.  No calma mi  espíritu totalmente en unos momentos, los armados eran ellos. Las Fuerzas Armadas Reales aún conservan y utilizan armamento diverso de origen soviético igual que el Frente Polisario. Hablaron por radio con el puesto del oasis y me indicaron que tomara un camino que había más adelante para llegar a el, Uno de ellos se viene conmigo en el coche hasta el oasis. Mereció la pena la visita, el lugar es espectacular Como es costumbre me piden la documentación y les doy la “ficha” con mis datos y los del coche con mi pasaporte para que no tengan que perder su tiempo y el mío transcribiendo datos. El comandante del puesto es un teniente ya mayor, estará cerca de la jubilación. Me pregunta qué hacía por allí en una zona militar y le conté la verdad, quería ver ese oasis y había entrado a propósito en la zona militar. Se echa a reir y me estrecha la mano de nuevo como un gesto de complicidad incluso de aprobación. Continuamos hablando un rato sobre mi viaje mientras nos tomamos unos tés bajo el sombrajo del puesto de la radio. Presta atención y pregunta mucho, más bien cuestiones prácticas sobre mi manera de viajar y no los interrogatorios encubiertos a los que me ha sometido en otro par de ocasiones la Gendarmería Real, normalmente por encontrarme donde no debía.

Llevábamos más de una hora cuando le dije que me iba a marchar. Me responde que es la hora de comer y me invita a hacerlo con ellos. En principio rechazo por prudencia o estúpida cortesía pero me contesta que en el desierto cuando hay comida se come, no se sabe lo que pasará después así que acepto. Como es costumbre, abluciones de manos y cara, damos gracias a Alá y el teniente corta los trozos de cordero con sus manos y pone en mi parte del gran plato común el mejor trozo, es una cortesía habitual con los invitados. Comemos rápido como suelen hacer, yo acabo el último y me tienen que esperar. El tagine de cordero con verduras variadas estaba delicioso y el pan hecho por ellos manjar de dioses.

Tomando un te antes de irme me da unas indicaciones para llegar hasta Foum el Hisn sin tocar asfalto y sin ser importunado por sus colegas con la advertencia que su versión oficial siempre sería que me mandó ir a buscar la carretera en Tizgui Remz Djedid, nuevo Tizgui Remz, hasta Assa. Todo un detalle por su parte. Nos despedimos con un abrazo. Finalmente llegado al cruce que me indicó tuve muy serias dudas. Terminar sin pisar asfalto hasta Foum el Hisn sería un bonito final para la ruta pero finalmente decido ir a lo práctico y buscar la carretera escuchando la llamada de una de mis pastelerías favoritas de Marruecos, la de Assa. Allí tomé un delicioso batido de aguacate y un par de pasteles, o más, celebrando la visita a Tizgui Remz. Además hice una buena provisión de dulces variados aunque no duró mucho.

Los encuentros con los militares marroquíes en el Sahara en general me han dejado muy buenos momentos. Siempre es de agradecer un rato de conversación cuando llevas días solo vagando por el desierto, igualmente para ellos que pasan períodos de 15 días en un puesto perdido en mitad de la nada. He comido con ellos, he dormido en algún puesto y he pasado muy buenos ratos. Incluso con alguno que he coincidido varias veces hemos cultivado una relación muy interesante. Le agrada que me interese el desierto que disfrute allí mis vacaciones, pero como comandante de un puesto de la Gendarmería, también son militares como la Guardia Civil en España, me dice que soy su responsabilidad y nunca se queda tranquilo cuando continuo. Siempre me insiste en que siga por carretera aunque no le hago caso. Salvo una vez que me lo ordenó y cumplí, pero eso es otra historia que contaré en otra ocasión. 

PD: la ocasión en que obedecí Auserd, un día atípico en el desierto

Única foto que conseguí hacer en el oasis. Había militares por todas partes

Mapas y política II. Oriente vs Occidente en los mapas

Mapa de  Hao Xiaoguang En la entrada anterior de este blog decía que lo s mapa mundi occidentales han representado tradicionalmente su centr...